Postales del sueño boliviano
Sociedad /
Una vez al año, en la Feria de las Alasitas, este pueblo representa sus deseos en objetos. Viviendas, dinero, pasajes y hasta certificados de la AFIP en miniatura expresan las necesidades de los migrantes en la Argentina.
Por Denise Tempone - Fotos: Eugenia Kais
Mientras las librerías neoyorquinas y londinenses agotan ejemplares de manuales que enseñan a construir pizarras con imágenes de los objetos o experiencias que se ambicionan (el best seller "The Secret" dedica un capítulo entero a la creación de la "vision board"), un ritual de origen precolombino en Bolivia, convoca año tras año a la Feria de las Alasitas, un mercado en el que artesanos materializan en forma de miniaturas, deseos universales y no tanto.
Como si se tratara de una maqueta del inconsciente colectivo perteneciente a los rincones más recónditos de Latinoamérica, estas miniaturas representan lo que millones de personas quieren, pero también, como contracara, lo que padecen día a día aquellos sectores sociales para los que las necesidades más básicas son la mayor parte del tiempo, un deseo insatisfecho.
Comprar con fé. "Todo lo que existe en el mundo, existe acá", dice Juana, una vendedora de 56 años que asegura que "si se compra con fe, el bien deseado llega a uno este año". El mundo del que habla Juana es un mundo aspiracional decantado, filtrado de experiencias feas. En este mundo hay abundancia (las bolsitas de alimentos son piezas muy populares), hay hogares con comodidades (las miniaturas vienen con muebles y título de propiedad incluidos), autitos, ropa, pasajes para volver a visitar a la familia y, por supuesto, billetes: soles, pesos, dólares y euros. Se trata de deseos comunes a casi todas las culturas. Sin embargo, ciertos cambios sociales fueron introduciendo en la lista, pedidos inusuales que reflejan nuevas situaciones a las que se enfrentan los deseantes.
Hoy en nuestro país, la feria de las Alasitas deja entrever la problemática de la comunidad en su condición de inmigrante. La aspiración por salir de la marginalidad y la ilegalidad a la que suelen someterse los habitantes bolivianos se refleja en la compra masiva de miniaturas de documentos que acreditan la nacionalidad argentina, certificados de la AFIP para convertirse en monotributista, o habilitaciones bromatológicas y municipales para abrir sus propios restaurantes y talleres textiles.
Muchos desean también cumplir el sueño de traspasar la clase social de origen, de ser "alguien". Hoy, los minitítulos universitarios (para ser arquitectos, dentistas o contadores), o de capacitaciones (para ser plomeros, gasistas o electricistas) tienen su demanda en alta. En contraposición, también hay instrumentos de oficios: ollitas, ladrillos, maquinas costureras, agujas de tejer y escobitas, que dejan entrever el lugar que la sociedad local reserva al inmigrante boliviano.
Hay también objetos de deseo que parecerían ser más superfluos. En lo que respecta a la comunicación, por ejemplo, LCD, computadoritas y smartphones de marcas importantes y con sistemas operativos último modelo (que se lucen en fotos pegadas a pantallas que simulan estar encendidas) están en auge. Pero, además, muchos de los asistentes cambiaron la compra de alimentos ancestrales por canastitas familiares no tan básicas que incluyen jabones Dove, preservativos texturizados, cereales Kellog’s, chocolates Kinder y Coca Colas. Verdaderos lujos para quienes luchan por ingresar en el sistema, acceder a una marca, pertenecer.
Alasitas en la Argentina. Hasta el 2004, las ferias de las Alasitas se hacían a escondidas. Cuenta Waina Marka, uno de los coordinadores del festejo, que decidió conseguir un lugar al aire libre, bajo el sol, luego de ver sus compatriotas casi avergonzados de su cultura, festejando en rincones ocultos y cerrados de Pompeya y concentrándose en la bebida, mucho más que en los deseos. Las autoridades del Parque Avellaneda recibieron con alegría esta intención de resignificar la celebración reivindicando las artesanías y prohibiendo el alcohol, y cedieron el espacio. Pero a pesar de que la intención estaba, no había demasiado para vender: no se permitía importar estos pequeños adornos por lo que muchos comerciantes decidieron ir a Once y buscar juguetes y adornitos representativos.
A pesar de este detalle, el evento en el parque tuvo una convocatoria de 4 mil personas y su repercusión permitió conseguir el permiso para importar miniaturas autóctonas. Hoy, los artesanos se esfuerzan por producir sus cada vez más originales representaciones y por importar las últimas novedades. Es por eso que cada visitante debe caminar, preguntar y observar mucho: cada puesto ofrece su propia versión de los mismos deseos y algunas aspiraciones extras que lo vendedores más sensibles logran capturar antes que nadie.
Más allá de las problemáticas de clase y origen, la fiesta Alasitas captura la magia de la fe, la convicción de que a través de la representación se puede influir en la realidad. "A mí me ayuda a concentrarme, a poner en claro lo que es importante en la vida. Por eso vengo cada año y le enseño a mis hijos a elegir bien", explica Pablo, que espera en la cola para bendecir sus recién adquiridas miniaturas con alcohol etílico, vino, mirra y sahumerio. Saber elegir bien los deseos es parte de la enseñanza de este ritual. Y saber elegir bien es poner en perspectiva la verdadera importancia de las cosas.
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