Oficios de sol a sol
Sociedad /
Llegan a fin de año y se van en marzo. Desde Mar del Plata, seis personas cuentan cómo es trabajar cuando casi todos están de vacaciones.
Por Florencia Guerrero (desde Mar del Plata) Fotos: Diego Izquierdo
Eduardo, capitán de lancha: "La temporada se acortó"
De sus 58 años de vida, Eduardo destinó 48 temporadas de verano para trabajar en alta mar. "La temporada es cada vez más corta, así que nos movemos lo más que podemos, hacemos promoción y esperamos que la gente venga con ánimo y plata", dispara con cara entre esperanzada y preocupada. "Nosotros tenemos la suerte de trabajar en un lugar en el que hay unos días muy buenos en el verano. Cuando llueve no podemos trabajar, así que si hay mucho sol o está nublado, aprovechamos para hacer más recorridas. Lo bueno es que hace unos meses, metía la mano en el bolsillo y sacaba tierra, ahora es diferente", cuenta en un impasse en su labor. Este año, los turistas optaron más por subirse a su barco que por ir al teatro, "las entradas de cualquier espectáculo no bajan de 100 pesos, así que muchos elijen gastar 50 en este tipo de paseo que, además, es muy familiar".
Mariela, guardavidas: "Hay que tener mil ojos"
Cuando Mariela tenía 7 años veía a Pamela Anderson en "Baywatch" y soñaba con emularla. Su intención, según explica hoy, radicaba en algún complejo de Electra no resuelto, ya que su padre fue guardavidas hasta que le pasó (literalmente) el torpedo el año pasado. Ahora, con 23 años, cuando la mayoría de sus compañeras en publicidad están de vacaciones, esta escultural jovencita dedica sus tardes de verano a la profesión heredada.
"La playa es rara, no sólo porque la gente se pone especialmente extraña estando de vacaciones, sino porque muchos llegan casi sin dinero", analiza.
"¿Guerra de los sexos? No, para nada, de hecho, acá son todos hombres y yo, pero como conocen a mi viejo, nadie se porta mal", bromea. "Acá se hacen entre 10 o 12 rescates por turno, así que es fundamental trabajar en equipo y sin competencias tontas", cuenta, y dice que la segunda quincena de enero "es la más populosa, y eso nos obliga a extremar las medidas de seguridad porque la gente viene cansada, se relaja un poco y enseguida empiezan los problemas". Es un hecho, mucha gente no escucha la prevención, "me pasa que los más grandes no respetan lo que decimos, lo cual vuelve todo muy peligroso. Otro tema es que la gente no se corre cuando tenés que hacer un rescate", parece mentira pero basta con quedarse un rato, para que el primer silbato suene y ella tenga que salir corriendo, empujando a la gente que pretende llegar antes a la orilla. "Hay que tener mil ojos y prepararse para no tener vacaciones", comenta entre suspiros, los mil ojos son para cuidar a la gente, pero también sus pertenencias. "No tendríamos por qué hacernos cargo, pero cada vez nos piden más que les cuidemos las cosas. Antes uno venía y se metía al agua sin problemas, hoy no se puede confiar ni en el vecino".
Graciela, "Papá Pitufo": "Hay que ponerle onda y garra"
Graciela empezó a trabajar hace 28 años, cuando estaba embarazada de su primera hija. "Primero me hicieron volantear, después vendí los tickets y ahora soy Papá Pitufo", dice, mientras se mueve dentro del muñeco que se pone desde hace algunas temporadas en Plaza Colón. "Trabajamos entre el 8 de diciembre hasta Semana Santa. En general son tres meses a full, así que hay que ponerle mucha onda y garra". Hay que estar dispuesta a divertirse, con verla basta para soslayar cualquier duda respecto de eso. "Vengo todos los veranos, a la mañana me escapo a la playa y por la tarde, trabajo para justificar estos días de sol", explica Graciela justo antes de escuchar la primera campana que le avisa que el tren está a punto de salir a recorrer las calles de Mar del Plata. Entonces, ella, el Hombre Araña, la Cenicienta, y toda la trouppe Disney se trepan a la escalera que despide el vagón multicolor. "Son 25 minutos de suerte y verdad. Los mejor humorados son los cordobeses, que vienen un montón a la playa. En general me piden fotos, les gusta la idea de pasear con los chicos y a veces les tienen que explicar qué personajes somos", dice casi a los gritos Graciela, cuando la música ya no deja espacio para la charla.
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