El luchador sigue de pie
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Una nueva película trae de vuelta a Mickey Rourke. La relación con su padrastro golpeador, su ocaso en Hollywood y la resurrección. "Hay que ver la industria del cine como un negocio muy político", reconoce.
Por Mariana Merlo
Francis Ford Coppola lo dirigió en "La ley de la calle", en 1983, donde compartió set con Dennis Hopper, Matt Dillon, Nicolas Cage, Laurence Fishburne y Diane Lane. No había hecho, para ese entonces, ni diez películas. Philip Andre Rourke Jr. –como figura en su documento– tenía solamente 31 años cuando trabajó codo a codo con el director de "El Padrino". La ventana de la gran mansión que es Hollywood estaba más que entreabierta para él y las buenas oportunidades no tardaron en llegar. Tres años después protagonizó la película que lo catapultó directo a la cima: "Nueve semanas y media", junto con Kim Basinger. Aunque las curvas de la rubia detrás de la cortina son la marca registrada del filme, ninguna mujer olvidará a ese Rourke treintañero sentado en el piso deleitándose con semejante silueta. Los dos se transformaron en íconos sexuales de lo que quedaba de la década del ’80. Y a él nada parecía frenarlo. Sin embargo, en 1991 dio un giro en su vida: puso todo su esfuerzo en convertirse en un boxeador profesional más que en ser un buen actor, decisión que se revirtió 14 años después. Por sorprendente que pueda parecer, la elección estaba fundamentada en la historia de vida del actor.
El pequeño Philip Andre nació en Schenectady (Nueva York), pero creció en un peligroso barrio de Miami llamado Liberty City. Allí, según sus propias palabras, "tarde o temprano tenías que pelearte. Una vez que pasaste por la primera pelea, la segunda es más fácil y así sucesivamente hasta que el enfrentamiento se convierte en un estilo de vida". A los 12 años fue protagonista de su primera pelea callejera cuando se defendió de unos matones del barrio que lo habían tomado de punto. Su mamá se había divorciado de su padre biológico y, cuando él tenía 9 años, se volvió a casar con un policía. Sólo cuando se convirtió en adulto, Rourke se animó a hablar sobre su infancia y la violencia que sobre él ejercía el marido de su madre. "Cuando sos chico y durante diez años un adulto no para de pegarte, acumulás mucho, demasiado resentimiento. Y en ocasiones hacés que todo el mundo tenga que pagar por tus desgracias", declaró antes de confesar que aún de grande continúa teniendo esporádicas pesadillas sobre esos acontecimientos.
"Estuve avergonzado de no haber tenido suficiente coraje para enfrentarlo durante muchos años, pero ya no. Me hizo tanto daño y estaba tan asustado que nunca pude devolverle la jugada. En cambio, se lo hice pagar al resto del mundo. La ira y el miedo hacia él han prácticamente arruinado mi vida". El crecer en un ambiente tan hostil y violento, llevó a Rourke a acostumbrarse a ese modo de vida, muy diferente al que se lleva en Hollywood, que había intentado darle la bienvenida allá por los ’80. Era de los que buscaba pelea por cualquier cosa, incluso con productores u otras personalidades de la industria que, de a poco, fueron borrándolo de sus listas de contactos.
Lentamente, la meca del cine lo fue dejando de lado y viceversa. Él encontró en el boxeo su nueva forma de vida; y los directores, otros actores menos conflictivos. Técnicamente desde aquel año cumbre con "Nueve semanas y media" (en 1986), Rourke no dejó de trabajar nunca. 2007 fue el único año en el que no se estrenó una película en la que él participara. Sin embargo, en esa sumatoria de títulos, en ninguno logró destacarse. El actor conseguía papeles secundarios en películas que apenas aspiraban a una taquilla mediocre, o protagónicos en filmes de muy baja categoría. En 2005 logró llamar la atención con su participación en "Sin city", pero con los pies sobre la tierra supo que ése no era su gran regreso. "No quiero convencerme de que ya estoy bien porque puedo volver a caer. La gente me dice que he vuelto, pero no siento que sea así. Cuando llegás tan abajo y permanecés allí durante tanto tiempo, no tenés la sensación de que volvés de ningún sitio", declaró un año después del estreno.
Sin embargo, en 2008 se daría un nuevo quiebre en su vida. Un protagónico que una vez más lo pondría en boca de todos: el de Randy Robinson en "El luchador", una ficción que se parecía mucho a su propia realidad y que lo colocaría en la lista de los nominados en los premios más importantes que se entregaron en 2009. Ganó el Globo de Oro, el BAFTA y el Independent Spirit Award, y estuvo nominado al Oscar y al Premio del Sindicato de Actores.
El jueves 19 volvió a la pantalla grande con "Inmortales", un relato épico de los mismos productores que "300" en donde interpreta a Hiperón, un sangriento rey que, junto con su ejército, avanza por Grecia destruyendo todo a su paso y desafiando a los dioses del Olimpo. "Tarsem Singh fue la razón por la que quise hacer la película –reconoce-. Leí el guión, estaba bien escrito. Pero no creo que hubiera querido participar de no haber creído que Tarsem era un gran director".
–¿Cómo elige generalmente los papeles? ¿Qué tipo de guiones son los que lo atraen y conmueven?
–Puede ser un buen personaje en el que pueda trabajar uno o dos días, o una semana, y que esté bien escrito, que tenga diferentes niveles. O puede ser una película en la que invierta varias semanas, pero debe ser una historia por la que sienta algo. ¡Salvo que me paguen una tremenda cantidad de dinero por no hacer nada!
–Después de haber ganado varios premios con "El luchador", ¿notó cambios en la manera en la que la gente se acerca por su trabajo?
–Sí, uno obtiene un poquito más de respeto, y eso ayuda a que tu representante tenga un poco más de palanca para conseguir buenos contratos.
–Su vida es como una leyenda, y sabemos que tuvo momentos complicados. ¿Qué clase de consejo le daría a alguien que está pasando por un momento difícil?
–Creo que hay que ver a la industria del cine como un negocio que es muy político. Yo no fui capaz de ver eso. Si podés mantener eso en mente, entonces no terminarás en los problemas en los que yo terminé.
–Tuvo su tiempo fuera de Hollywood y volvió más fuerte que nunca. ¿Fue un viaje muy extraño?
–Fui bendecido y muy afortunado en tener una segunda chance. Realmente no hay segundas oportunidades en Hollywood, y si las hay son muy pocas y distantes en el tiempo. ¡Sólo tenés que perseverar y tener un poco de suerte!
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