"No me acostumbro fácil al éxito"

09.02.2012 | 21.57 Comentar   |   FacebookTwitter
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La obra que encabeza Mauricio Dayub es uno de los sucesos de la temporada, con nueve nominaciones a los estrellas de mar. Por qué no quería hacer "Toc Toc", Cómo aprendió a putear y las obras que no deberían estar en teatro.

Por Florencia Guerrero (desde Mar del Plata) - Fotos: Diego Izquierdo

Un hombre recorre la escena, alocado. Explotando de vez en cuando en tempestades de insultos y gestos impropios. Son espasmos a los que les siguen palabras ceremoniosas, y expresiones que bien valdrían en cualquier mesa de la alta alcurnia británica. Ese hombre, y sus múltiples caras está en la piel, en los propios músculos del actor Mauricio Dayub, que en la taquillera "Toc Toc" interpreta a Alfredo un hombre con el síndrome de Tourette. En ese plan, el personaje irrumpe en la escena cada noche desde hace un año, agazapado, como quien espera la orden de quién sabe qué fuerza superior para atacar la escena.

"No exagera quien piensa que esta obra pasó de fenómeno teatral a fenómeno social. La cantidad de espectadores que vinieron nos llevó a llenar ocho funciones todo el año. Lo que pasó es increíble, para todos", ese "todos" de Dayub incluye a sus compañeros María Fiorentino, Daniel Casablanca, Melina Petriella, Eugenia Guerty y Diego Gentile. Todos desde hace más de un año interpretan a los seis personajes que padecen trastornos obsesivo-compulsivos (TOC) y que se encuentran en la sala de espera de un psiquiatra con el fin de solucionar sus problemas. Una labor que los despidió de Buenos Aires como la obra más vista del año y que por estos días sostiene el éxito en Mar del Plata. "La gente se ríe incómoda, hagamos chistes o no. Y cuando el espectáculo termina, se acercan para contarme sus trastornos, llega a ser gracioso. Lo curioso es que a mí me costó mucho llegar a la risa porque traté de encararlo desde el lado real y ese mal que padezco en la obra es muy dramático. Fue muy difícil aceptar este papel".

-¿Cuáles eran sus dudas?

-Siempre que uno cambia surgen algunas dudas y, particularmente, no me acostumbro fácil al éxito. Al principio creí que vendrían sólo los pacientes con TOC, cuando tuvimos que agregar funciones, pensé que venían los psicoanalistas que mandaban a sus pacientes. Hasta que ya no tuve excusas y entendí que efectivamente nos estaba yendo bien.

-¿Ese fenómeno tiene que ver con que los trastornos obsesivos compulsivos se multiplicaron?

-Puede ser. Creo que pasó también por un reconocimiento de esos padecimientos, yo no sabía que esa sigla significaba lo que representa. A medida que ensayaba el papel me fui empapando y muchos amigos míos que conocían más del tema me fueron contado sus experiencias.

-¿Qué es lo más curioso que escuchó desde que sabe que existen los TOC?

-Un chico me contó que fuma por zonas, es decir que si fumaba 3 cigarrillos adentro de la casa, tenía que fumar tres afuera. Y si fumaba tres en provincia, tenía que fumar tres en Capital. ¡Eso es esclavitud! Me parece curioso, hay una parte que va más allá del texto, lo que le pasa a los personajes, y al espectador, supera a la obra.

-Venía de encarar personajes netamente dramáticos. ¿Cómo logró cambiar tanto su perfil?

-No fue nada fácil, mis textos son todas puteadas. Cuando lo agarré pensé que sería muy difícil conseguir que alguien diga "qué buena labor", pero tuve que construirlo de otra manera, un poco desde el humor, otro poco desde el grotesco.

-El punto más claro de esa buena labor está en las nominaciones al ACE y a los Estrella de Mar.

-¡En los ACE me ternaron con Alfredo Alcón! Me dio mucho pudor eso, porque la verdad es que aunque me sale fluidamente, yo empecé a putear dos días antes de arrancar con la obra, la directora me decía "puteá Mauricio, puteá", pero no me salía.

-¿Por qué tanto pudor si la puteada mediática está súper naturalizada?

-Es verdad, yo he visto a Corona y me parece muy bien, pero no tengo look para eso. Tengo terror de tirar la primera puteada, que no funcione, y tener que lidiar el resto de la hora con el desprecio del público. Cuando un actor de teatro dice una mala palabra en TV, el público de teatro lo reta en la calle, en este caso no pasó.

-Se dice que en los ’80 el teatro sufrió un fuerte declive. ¿Cómo está el rubro hoy?

-Estamos en un momento extraordinario en el ambiente teatral, por la cantidad y la variedad que hay. Se ve en la incorporación de la gente que, entre sus planes, incluye ir al teatro. Yo veo mucho las carteleras, creo que no todos tienen el mismo caudal de público, pero la propuesta variada enriquece y las salas chicas (que son más de 150) ayuda mucho. Lo que la Argentina no tiene es medios especializados en teatro.

-Una de las puteadas está destinada a Domingo Felipe Cavallo. ¿Qué opina sobre la función política del teatro?

-¡Esa fue idea mía! El teatro siempre ha estado ligado a lo político, por un lado por las políticas de cultura que lo fomentan o no y, por el otro, porque en general es una expresión de una ideología, y de las realidades que vivimos. Uno elige cómo mostrar y qué decir sobre ciertos temas, de hecho actuar es un acto de fe, de creer.

- En esta plaza veraniega hay muchas propuestas, algunas más relacionadas con la revista no tradicional. ¿Eso es banalizar el género?

-Creció mucho todo, entonces, también crecieron las ofertas de ese tipo. Y es verdad que algunas no llegan a cumplir con lo que demanda el teatro, que bien podrían estar en un bar o en un cumpleaños. Hay personas del under que lleva al teatro lo que debería hacer en un programa de radio o en una nota de color. La multiplicación llevó a que todos se suban al teatro. De todas maneras, en ese revoleo, siempre gana el teatro, porque la gente, la próxima vez, puede volver a ver algo que valga la pena.

HOMBRE DE INICIATIVA. Aunque sus pudores no lo dejan aceptarlo fácilmente, Dayub ya había empezado a acariciar el éxito, como director y como actor. Como si fuera algo habitual, cuenta que llamó a Jaime Roos sin conocerlo y que éste aceptó poner un tema en la película "El Amateur", un libro escrito por el actor que triunfó en teatro y terminó en la pantalla grande. Con la anécdota, el propietario del teatro Chacarerean se muestra como lo que es: Un autogestor. "Si no trabajo como actor, escribo, si no actúo, y si no, hago cosas en mi teatro; me volví autogestor para cuando el medio no me convoca".

-Tras el éxito que representó "El Amateur", usted dijo que no sabía si quería volver a interpretar papeles de otros. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

-En ese momento estaba en la duda. La verdad es que ganamos 17 premios, hicimos cuatro temporadas excelentes y me alcanzan, en estos días, muchos textos para que lea, pero no sé si quiero repetir eso de escribir algo y actuarlo, es realmente distinto. Aparte es como enterarse de que tocabas el piano magistralmente cuando nunca lo habías hecho. Lo que no quiere decir que pueda escribir otra obra que al público le guste.

-Su personaje dice en un momento: "No estoy de acuerdo conmigo", ¿Con qué cosas no está de acuerdo con Ud.?

-En general tienen que ver con la curiosidad, con lo nuevo. Yo me acomodo bien con dos o tres cositas que manejo bien y ahí me quedo, me cuesta mucho romper, y a la vez, me importa mucho ser aceptado, así que voy a lo seguro. En el terreno inseguro estuve muchos años, cuando encontré lo mío me relajé ahí.

-¿Pero esa timidez no es un peligro para quién se expone tanto en lo actoral?

-Sí, por evitar la curiosidad, dije muchos años "no" al teatro comercial. Me tomé mi tiempo, pero ahora creo que acerté con esta elección. A "TOC TOC" le dije que no muchas veces, hasta que decidí arriesgar.
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