Por Carolina Sirio.
El verano todavía no termina y sigue inspirando a la buena lectura en la sala climatizada por el aire acondicionado o bajo la sombrilla de la playa o la pileta. Para ello,
Diagonales.com propone dos novelas con temáticas y estilos bien distintos pero con calidad recomendable:
La gloria secreta, de Arthur Machen, y
Medianoche en el jardín del bien y del mal, de Marianne Stillings.
Más que una novela, una sátira. La gloria secreta es una novela que el escritor inglés Arthur Machen escribió en 1907 pero que recién fue publicada en 1922 y que ahora a aparece por primera vez en español en una edición del sello La bestia equilátera. La traducción de Teresa Arijón no sólo es impecable sino llena de citas que, más allá del sentido que tienen para el texto, cultivan al lector sobre detalles culturales, históricos y hasta geográficos de la Londres de comienzos del siglo xx.
Una novela sobre el Santo Grial, el folclore celta, la niñez encantada, la educación, el rugby. Una sátira sobre la escuela londinense, en la que conviven un joven con visiones religiosas y un profesor afecto al castigo que además considera al rugby como una forma de disciplina educativa. Es la vida de Ambrose Meyrick o, mejor dicho, la historia de su juventud, ya que el relato abarca su paso por la escuela y un posterior viaje antes de la universidad. Para lo que pasó luego no hacen falta muchos capítulos, alcanza el Epílogo.
En el Prefacio, Arthur Machen anticipa que
La gloria secreta es “la historia de un individuo desafortunado que se da la cabeza contra la pared desde el principio hasta el fin. No puede pensar ni hacer nada siguiendo la corriente del mundo; incluso cuando ‘obra mal’, lo hace de una manera sumamente inusual y excéntrica”. Pero sobro lo que le pasa realmente a Ambrose Meyrick le pasa la pelota al público: “Quedará a criterio del lector determinar si era un santo que había perdido su rumbo en el siglo o un pobre loco subdesarrollado”, aunque en lo que le atañe, afirma no estar a favor de ninguna de las dos opciones: “En todos los tiempos han existido pequeños y grandes hombres fuera de tono con su época, hombres para quienes todo es, en cierto modo, errado y tortuoso. (….) Por fortuna mi héroe –o idiota, como ustedes prefieran- no fue convocado a mediar en asuntos de Estado, y por lo tanto sólo cosechó pesares para sí mismo, si fueron pesares; porque a mi entender, siempre habría que mantener la puerta abierta a favor de la otra perspectiva”.
Arthur Machen (1863 – 1947) fue periodista, maestro, editor, traductor, actor de teatro, narrador e inquieto continuador de la tradición de visionarios en lengua inglesa. Conoció la fama y el olvido en distintas etapas de su vida. Con el relato
The Great God Pan, aparecido en 1894 y considerado hoy un clásico de la literatura fantástica, obtuvo su primer éxito de público y crítica. De ese período con rasgos góticos y decadentistas son también
Los tres impostores (que Jorge Luis Borges publicó en su Biblioteca Personal) y
The Hill of Dreams. Luego de más de una década en que no consiguió que lo editaran, renació como autor de culto en un círculo de críticos estadounidenses, cuyo entusiasmo cruzó el océano y lo convirtió en uno de los escritores más leídos y publicados de la época. Fue miembro de la orden hermética The Golden Dawn, sin involucrarse seriamente, porque le interesaba más seguir sus propias intuiciones, que lo llevaron a investigar y a escribir sobre la iglesia cristiana celta, los mitos artúricos y la leyenda del Santo Grial. Alguna vez, Borges dijo sobre él: “Arthur Machen puede, alguna vez, proponernos fábulas increíbles, pero sentimos que las ha inspirado una emoción genuina. Casi nunca escribió para el asombro ajeno; lo hizo porque se sabía habitante de un mundo extraño”. Ese viaje a un mundo extraño y asombroso espera al lector en La gloria secreta.
Policial romántico. Medianoche en el jardín del bien y el mal, novela que publica la editorial Claridad, comienza con la lectura del testamento de Thomas Evanston Heyworth, un millonario escritor de novelas de suspenso que acaba de ser asesinado. Pero sus últimos deseos no son nada convencionales: “Estoy muerto. Maldición. Tenía ilusiones de ver cómo acaban los Mariners en esta temporada. Si sólo tuviéramos un lanzador como la gente… No dejo herederos, pero sí una gran, gran fortuna. Supongo que podría repartir la herencia y hacer donaciones y legados y todo lo demás, pero no tendría gracia. Al fin y al cabo, soy un famoso escritor de novelas de misterio. Si tengo que morir, mejor hacerlo con gran estilo y una cuota de suspenso. Así que, sin nada más que agregar, les propongo lo siguiente. He organizado una búsqueda del tesoro. Sí, leyeron bien… una búsqueda del tesoro. El ganador será recompensado con todos mis bienes. ¿Divertido, no? He elegido seis participantes para jugar, incluyendo a Evie Randall, que es como una hija para mí, y Max Galloway, mi hijastro. Max es cabeza duro y, por ser policía, no demasiado inteligente para elegir mujeres. En cuanto a la dulce Evie… ella siempre está tan ocupada cuidando los demás que ni se da cuenta cuándo un hombre está interesado en ella. Y si finalmente mi muerte no fue causada por causas naturales, quizás Evie y Max puedan unirse para descubrir a mi asesino… Sí señor, una búsqueda del tesoro con una fortuna como premio y un asesino en la pista. ¡Maldición! ¡Cómo participar con ustedes! Diviértanse, amiguitos...”
Una búsqueda del tesoro que se transforma en la búsqueda de un asesino. Un relato policial que es también una historia romántica –y por momentos erótica, si juzgamos la descripción que hace la autora de los momentos de seducción (concretos o imaginarios) de los protagonistas–. Una obra que consigue que el lector quede enganchado y quiera seguir avanzando en las páginas para conocer el desenlace. Una historia atrapante de la estadounidense Marianne Stilling, una escritora de novelas románticas (Noticias calientes, Peligrosa tentación y Encanto mortal, entre otras) que se metió con una trama de suspenso y salió airosa, logrando que lo romántico y lo policial se mantengan al mismo nivel.
Y vale aclarar –porque a muchos este título les sonará conocido–, que
Medianoche en el jardín del bien y del mal no tiene nada que ver con la novela homónima pero anterior, publicada en 1994 por el escritor y periodista John Berendt, que fue llevada al cine por Clint Eastwood.