El inmenso Luis Alberto Spinetta Fue el miércoles que las cenizas del Luis Alberto Spinetta fueron arrojadas al
Río de la Plata. Como un acto poético, simbólico y doloroso de despedir al cuerpo, también se manifestó materialmente algo que su luminosa alma ya había logrado hace tiempo: fundirse con el agua, el aire y la tierra. Su voz, más blanda que el agua blanda, y tan pura y rica como la misma, sigue siendo un océano profundo e inagotable en el cual podemos sumergirnos aún hoy, después de su partida física.
De esa simbiosis quizá surja
Martopía, vocablo que significaría algo así como tropismo al mar y título del libro con las conversaciones entre el escritor Juan Carlos Diez y Luis Alberto Spinetta, reactualiza el arte poética del músico y poeta que falleció recientemente.
El libro -publicado por primera vez en 2006- reúne una serie de conversaciones a lo largo de los años que finalmente se convirtió en uno de los pocos testimonios del pensamiento en estado puro del Flaco.
El libro expone diversas reflexiones sobre la música, la poesía y demás asuntos, como algunas de sus influencias: el poeta Antonin Artaud, el antropólogo Carlos Castaneda y el filósofo Gilles Deleuze.
"La música mitiga mucho eso. En última instancia, esos sentimientos se dejan entrever pero son aliviados siempre por la belleza de la música. En cambio, en un escrito de Artaud podés llegar a momentos de una densidad terrible", dice Spinetta en un fragmento.
"Artistas como (Gustav) Mahler" -continúa Spinetta- "que han sufrido mucho en su vida, reflejan el sufrimiento pero también reflejan una especie de clarividencia".
"No creo en una forma de literatura o de música en la que se omita el drama inherente al ser. La literatura del apaciguamiento, esas lecturas religiosas, un libro de catecismo, me sublevan inmediatamente".
En otros pasajes, confesaba : "Mucha de mi música tiene paz, pero mi alma es muy perturbada (…) Si volcara la interminable oda dolorosa de mi alma, estaría equivocado. No me interesa mucho el dolor, sino la forma en que uno puede llegar tan profundamente dentro de sí mismo como para encontrarlo, como hizo Artaud".
También se hallan expresiones referentes a cuestiones supremas: "La idea de la muerte no es un total silencio (...) Hay una despedida notable en la materia. Hay un rigor mucho más profundo que el de los adioses. Aunque tuviéramos una noción ideal de esto, es muy poco para comprender la vastedad de ese silencio", decía entonces.
Y ahora que debemos escuchar e intentar comprender la vastedad del silencio, y los homenajes y recuerdos se suceden, bienvenido sea recordar el pensamiento y obra de alguien cuyo adiós es en verdad un hasta siempre, porque Luis Alberto es eterno como la edad del mar.