Darín se mostró muy alegre al conocer el resultado La producción que indiscutiblemente se coronó como la gran ganadora de la noche en la última entrega de los premios Goya fue
No habrá paz para los malvados, del director Enrique Urbizu, con seis estatuillas. Pero para los argentinos sin dudas que lo más importante de la gala fue el galardón que recibió
Un cuento chino, de Sebastián Borensztein.
Con la coincidencia del anuncio del propio Ricardo Darín, a quien se le escapó un “joder” tras conocer el resultado, el largometraje argentino venció a sus competidores directos (la cubana
Boleto al paraíso, de Gerardo Chijona; la mexicana
Miss Bala de Gerardo Naranjo; y la chilena
Violeta se fue a los cielos, de Andrés Wood) y se alzó con el galardón a la Mejor película Iberoamericana.
"Esta es una felicidad y una rareza, porque muy pocas veces sucede que llegas a entregar un premio y la premiada es la tuya" (N. de r.: lo mismo le ocurrió a Norma Aleandro cuando en 1986 le tocó anunciar la victoria de
La historia oficial en la entrega de los Oscar y recibir el premio), fue lo que expresó el actor argentino, que se quedó en el escenario para acompañar a los productores Gerardo Herrero (España) y Pablo Bossi (Argentina), que realizaron sendos agradecimientos.
Ya con el premio en mano, Darín repitió algo de lo que el equipo de producción mencionó en la entrega: la unión entre el cine de los dos países. La relación de amor entre las cinematografías (de España y Argentina) es "bidireccional” porque ambas "son mucho más allá y más acá, más arriba y más debajo de lo que nosotros creemos". También recordó que
Un cuento chino se inició como un proyecto "muy chiquitito, fue un mano a mano con el director y el guionista" y que luego se fue haciendo “muy de a poco” pero “fue un placer hacerla".
Para el protagonista, el film “no es de grandes pretensiones sino más bien un cuento sobre la intolerancia y la falta de paciencia que a veces tenemos los seres humanos, y las cosas que pensamos que son diferentes, pero que, en definitiva, es lo mismo: cuando llueve, nos mojamos todos". Y además reconoció que su relación con los españoles es “estupenda” y que lo trataron “bien” desde el primer día que llegó: “me trataron como si fuera un hermano, un primo, o un familiar, y ese cariño que noté desde el primer día, está ahí, ahí sigue", por eso tiene planeado retornar pronto a este país.
Quien se encontraba más que feliz por el reconocimiento era el guionista y director del film, Sebastián Borensztein, que a pesar de no poder asistir a la entrega
consideró "increíble" que su película haya sido la vencedora y se haya llevado el Goya.
"No pude viajar a Madrid, pero fue una gran alegría saber que estábamos ahí", fueron las declaraciones que dio el cineasta a Radio 10, además de señalar que “un Goya es el premio más importante del cine hispanohablante que otorga la Academia Española de Cine y que, en este caso, es un cierre increíble para el ciclo de
Un cuento chino” así que “más no podemos pedir". El hijo del recordado Tato Bores reconoció que su producción funcionó "muy bien" en todas partes del mundo y que en la actualidad está en cartel en Francia, Alemania e Italia y que en Brasil fue “un éxito”.
Según cálculos de taquilla nacional e internacional,
Un cuento chino recaudó 10 millones de dólares y casi 2 millones de euros allá en España, por lo cual se convirtió en la película argentina más exitosa en el mundo desde El secreto de sus ojos (también protagonizada por Ricardo Darín).