Organizaciones de mujeres y familiares de víctimas marcharon desde 7 y 56 hasta Casa de Gobierno
Pablo Roesler
pabloroesler@gmail.com
Con la consigna “Basta de Femicidios. Justicia por Sandra, Barbi, Mica, Susana y Marisol”, organizaciones de mujeres y familiares del cuádruple crimen de mujeres de La Loma y de la joven violada y asesinada hace cinco años en un edificio del ministerio de Economía, marcharon este mediodía desde las fiscalías platenses hacia Casa de Gobierno y Arba exigiendo justicia para esas víctimas y en reclamo de profundización de políticas públicas contra la violencia de género.
“Estamos acompañando a Nelly por lo de Sandra. Buscamos todos lo mismo: basta de impunidad, basta de femicidios”, reflexionó ante los medios Daniel Galle, el papá de Micaela, la nena de 11 años asesinada a golpes y cuchilladas en su casa de La Loma en noviembre pasado junto a su mamá Bárbara Santos, su abuela Susana de Bártole y la amiga de las mujeres Marisol Pereyra.
Muy cerca suyo en la vereda de las fiscalías, en 7 entre 56 y 57, estaba Nelly Gamboa Guillén, la mamá de Sandra Ayala Gamboa, la joven de 21 años violada y asesinada el 16 de febrero de 2007 en el archivo del ministerio de economía (hoy Arba), en 7 entre 45 y 46, que en ese momento estaba en refacción. La chica había llegado hasta allí para ofrecerse para un trabajo, tras ser engañada por un vecino de la pensión en la que vivía.
Al cumplirse cinco años de aquel homicidio y tres meses del cuádruple crimen, cerca de un centenar de mujeres salieron a la calle para reclamar justicia y dejar algo claro: “no son crímenes pasionales, son femicidios”. Esa fue la consigna de la actividad.
“Hoy se cumplen cinco años desde que encontraron el cuerpo de mi hija en el edificio de Rentas, y queremos justicia. Y para que ya no hayan más estos femicidios, estas muertes hacia las mujeres. Por eso estamos acá y vamos a estar con los familiares de estas chicas”, subrayó Nelly.
“Son femicidios porque en estas causas son mujeres las asesinadas. En general los crímenes son los resultados de ciclos de violencia, como la sexual en el caso de Sandra”, explicó la periodista y militante feminista de la Casa de la Mujer Azucena Villaflor, Gabriela Barcaglione.
La mujer subrayó que en este tipo de casos, en general “los cuerpos de las mujeres tienen las marcas de la violencia machista”, que tienen que ver con “el ensañamiento de la persona que en general cree que esos cuerpos son su posesión y el resultado del asesinato tiene que ver con que esas mujeres se corrieron del modelo que esos hombres esperan de nosotras”.
Pasadas las 12, tras permanecer cerca de una hora frente al edificio de las fiscalías bonaerense reclamando justicia para las cinco mujeres asesinadas, comenzaron a marchar.
“Basta de golpes, basta de violencia, que las mujeres no tenemos más paciencia”, cantaba María Laura, militante de la Casa de la Mujer Azucena Villaflor, mientras caminaba hacia el asfalto de avenida 7. Detrás de ella, unas 100 personas –no todas, pero sí mayoritariamente mujeres- se agrupaban con sus banderas sobre la mano descendiente de la avenida.
La columna la encabezaron Daniel Galle, Nelly Gamboa Guillén y militantes feministas, una o dos por cada organización de mujeres. Llevaban una bandera larga con la consigna de la movilización: “Basta de Femicidios. Justicia por Sandra, Barbi, Mica, Susana y Marisol”.
La primera parada fue frente a la Casa de Gobierno, donde leyeron un documento en el que destacaron que “nadie mata por amor”, subrayaron que la violencia hacia las mujeres está vinculada a la desigual distribución del poder y las relaciones asimétricas entre varones y mujeres; denunciaron la “cultura patriarcal machista” y explicaron que “el femicidio es el resultado final de un ciclo de violencia”.
Por eso reclamaron el “esclarecimiento de los femicidios Bárbara Santos, Micaela Galle, Susana de Barttole, Marisol Pereyra y Sandra Gamboa y de todos los aún no resueltos”, y exigieron la implementación de “políticas públicas contundentes que sancionen y condenen la violencia contra las mujeres”.
La marcha continuó hacia 7 entre 45 y 46. Sobre la mitad de esa cuadra se instaló la columna de mujeres. Justo frente a la casa en la que el 22 de febrero de 2005 un bombero avezado sintió el olor de la descomposición de un cadáver y encontró a Sandra cuando ya habían pasado seis días de su asesinato.
Estado y género. “Las estadísticas no existen en Argentina”, detalló Barcaglioni, militante de la Casa de la Mujer Azucena Villaflor, una de las agrupaciones organizadoras de la marcha. Y explicó que con su organización y la Casa del Encuentro, de Capital Federal, llevan un registro de casos desde 2005.
“Pero son aislados, porque son casos que conocemos porque ocurren en nuestros lugares o porque los medios de comunicación los informan”, subrayó.
Por eso resaltó la necesidad de ajustar las políticas públicas: “No hay registros, por lo cual tampoco las políticas públicas tienen una buena base de sustentación. Porque los datos, más allá de que son personas las asesinadas, permiten saber hacia dónde deben ir esas políticas. Yo creo que habría que comenzar a revisarlas porque los asesinatos siguen existiendo”, dijo.
“Las políticas públicas están muy centradas en la prevención y hay una gran dificultad de la aplicación de las normas. Hay casos que se repiten porque hay impunidad porque no hay sanción. Si bien nuestro país está con su leyes al nivel de cualquier país del mundo, es muy difícil aplicarlas porque hay un problema cultural; siempre se piensa que estos crímenes son por amor”, redondeó.